Más necesarios que nunca

Posted on 27 enero, 2011

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Colectivos como la Colla Ecologista La Carrasca son necesarios ante gobiernos déspotas y autoritarios y oposiciones vagas e indolentes. Su labor contribuye a conservar la salud democrática y demuestra la fuerza que puede llegar a ejercer la ciudadanía.

La simple presencia de este tipo de entidades provoca irritación en los gobernantes, que en seguida les acusan de “hacer política”, en una perversa interpretación de la política como coto privado de los partidos. Los ciudadanos no solo deben practicar la política, sino, como en muchos casos, denunciar los atropellos de las administraciones.

Están en su derecho. O mejor, en su obligación como ciudadanos responsables, aunque corran el riesgo de sufrir un proceso de desprestigio por parte de los dirigentes políticos. Sospechar intereses políticos en este tipo de denuncias ciudadanas es tan despreciable como advertir intereses económicos en las decisiones conflictivas –o ilegales- de un Gobierno.

En muchas ocasiones las críticas a los colectivos sociales son fruto de que muchos políticos son incapaces de comprender cómo puede haber alguien que trabaje sin percibir nada a cambio. Es algo que sus mentes no conciben.

Colectivos como La Carrasca o como la Coordinadora d’Estudis Eòlics de El Comtat, por poner otro caso ejemplar, ponen de manifiesto con su esfuerzo lo mal que trabajan las administraciones. Grupúsculos de ciudadanos, muchos de ellos muy cualificados, consiguen poner en jaque y sacar las vergüenzas de las administraciones, que tienen a su disposición centenares de técnicos y expertos.

Y no solo eso. Este trabajo que tanto complica la vida de las administraciones también pone en duda la función de los partidos en la oposición. Los ciudadanos, cada uno con su trabajo particular, consiguen reunir tiempo y esfuerzo por trabajar en aquello que consideran justo. Los políticos, pese a su dedicación exclusiva y la posibilidad de acceder a los expedientes, son incapaces de advertir los renuncios de los diferentes gobiernos.

Por todo ello cada vez que haya críticas hacia esos colectivos, cada vez que el gracioso de turno les llame “moscas cojoneras”, se estará consumando el triste camino que la sociedad democrática recorre hacia la partitocracia, el paso último hacia el abismo de la dictadura.

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