Vientos de cambio

Posted on 1 febrero, 2011

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Los vientos del cambio han vuelto a soplar en el socialismo alcoyano en el momento de elaborar su candidatura. Objetivo: atraer al votante hacia las papeletas del puño y la rosa. Esos vientos, tan románticos, tan plácidos, suelen convertirse en tempestades tras las elecciones, cuando el vendaval del PP arrasa las esperanzas.

Desde que perdió el poder, o incluso antes, el PSOE ha desperdiciado a decenas de personas que han ido apareciendo y desapareciendo de las listas en intervalos de cuatro años. Los nombres de Pau Bernabeu o de Raquel Corbí, por ejemplo, parecen extraídos de los libros de Historia, si no del Antiguo Testamento.

Cada vez más lejano suena el nombre de Patricia Blanquer, la última candidata, que ha pasado casi inédita en esta legislatura. Tanto como Rebeca Soler, deportada a las Cortes Valencianas. Lo mismo sucederá con Marisa Alemany, tal y como ocurrió con Zulima Pérez, otrora flamante número 2 de la candidatura socialista.

Son todas personas de entre 30 y 45 años que están fuera de la política pese a que su valía no ha sido ni por asomo completamente amortizada. Posiblemente están fuera por el complejo de falta de autoridad que ha atormentado a los líderes socialistas. El temor a que el hijo se coma al padre es una mitología común en el PSOE. Tanto que la solución es devorar antes al hijo, más cuando se han aplicado desde temprano a trabajar en la cosa pública.

El resultado es una constante y engañosa renovación. Un baile de rostros para no cambiar nada. Así ha sido durante más de diez años de travesía por el desierto. La novedad ahora, no obstante, es que el último aspirante no está vinculado al Gobierno de Sanus. Realmente es nuevo.

Con este punto a favor, el candidato y secretario general tiene ante sí un gran reto, sea cual sea el resultado de las urnas. En caso de que le sean favorables, evidentemente deberá gobernar. Y si es junto a otros socios, la dificultad será máxima.

Pero si sale derrotado, como sus antecesores, deberá convertir en un activo lo que podría convertirse en tiempo perdido. Es decir, debería convocar elecciones internas y presentarse para demostrar su compromiso con un proyecto que no muere tras las elecciones. Así conseguiría disponer de tiempo suficiente (él o quien le sustituya) para centrarse exclusivamente en preparar un nuevo asalto al poder. O lo que es lo mismo, en elaborar un proyecto.

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