Mestre

Posted on 4 febrero, 2011

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Hay personas que nacen marcadas por su linaje. Y no importa que sean más rojas que un fresón, renieguen de las clases sociales o critiquen la Monarquía. Un caso curioso es el de Josep Albert Mestre, arrancado de la vida por un cáncer, a quien su apellido definía a la perfección. Era profesor, un trabajo que amaba, y era un maestro de la política, entendida como servicio a los ciudadanos. Y lo hacía en valenciano, en clara defensa de la identidad propia.

Otro maestro, Lorenzo Rubio, le solía llamar cariñosamente Camarada Mestrovich. Ambos fueron grandes amigos y trabajaron codo con codo para conseguir una sociedad democrática. Mestre fue una de las personas que entendía la vida como una forma de hacer política. Es decir, de intentar cambiar y mejorar las cosas.

Lo hizo desde cualquier ámbito. En las instituciones, con una admirable predisposición por el diálogo y el entendimiento. Y también en las entidades sociales, impulsando el Club d’Amics de la Unesco o fundando la hoy imprescindible Asociación para la Integración del Niño.

Su compromiso y su trabajo consiguieron, por ejemplo, que la comarca se uniese en una iniciativa cultural (la Biennal Art Nostre) cuando los alcaldes se negaban a crear una mancomunidad que ahora sí exponen como logro personal. Alcoy, por cierto, entró tarde en ese proyecto. Y también le llevó a situarse como presidente del órgano que representa a los centros de enseñanza artística de España.

Probablemente cabría incluir a Mestre entre aquellos que el Partido Popular suele definir como “los de siempre”. Los que se implican y dan la cara. Mira por donde, ya hay uno menos en el grupo. Ya le echamos de menos.

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