Justicia política

Posted on 2 agosto, 2011

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Nada hay más injusto que la política, un ámbito en el que el continente pesa más que el contenido y donde quien aplaude obtiene más premio que quien piensa. Sin embargo, en apenas unas semanas se ha producido una fuerte autorregulación provocada por los grandes vicios de la política: el autoritarismo, la codicia y la traición. Por una vez, sin embargo, la política ha sido justa.

Lo ha sido con tres nombres y con todo lo que representan. Tres hombres que la Historia, esa que se escribe con mayúscula y no con las letras malintencionadas de los periódicos afines, jamás recordará. Tres personas que aspiraban a mucho, como queda reflejado en las placas de las inauguraciones que presidieron, pero que han devenido en nada.

Son Francisco Camps, José Joaquín Ripoll y Jorge Sedano. Ocupaban diferentes ámbitos de responsabilidad. Y declinaron asumirla y ejercerla. Se dedicaron a buscar amiguitos del alma o a adorar a los de sus jefes. Les cubrieron de contratos, basuras y recalificaciones. Vivieron un sueño fantástico que concebían eterno. Lo suyo iba a ser memorable.

Pero la justicia ha operado en esta ocasión con criterio y ha dado a los tres personajes si no lo que merecían sí lo que han hecho méritos para obtener. Están en la calle. Camps por sus chanchullos. Ripoll por no plegarse a los intereses del de los chanchullos. Y el tercero por no entender que quienes votan son los ciudadanos.

Ahora los tres chapotean para sacar cabeza y no ahogarse en el mar del oprobio. Uno lo hace en el paro, otro en el Consell Jurídic y otro en la oposición municipal de Alcoy. Tendrán que chapotear, al menos, hasta el 20N.

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