¿Siempre?

Posted on 5 julio, 2012

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Alcoy no debería permitir que la fiesta de Moros y Cristianos pasase a celebrarse siempre en fin de semana. Sería renunciar a una parte importante de la identidad a manos de la llamada del capital, sin que éste necesite justificarse en exceso. Hasta la fecha, los empresarios y los sindicatos, pero especialmente los primeros, ni siquiera se han molestado en analizar y cuantificar la repercusión económica que representa celebrar la trilogía los días tradicionales o hacerlo en un fin de semana.

Lejos de realizar un estudio exhaustivo que pudiese dejar sin razones a quienes defienden el 22, 23 y 24, los agentes sociales se limitan a argumentar que las empresas no pueden parar “una semana entera” en pleno mes de abril cuando, que se sepa, las fiestas son tres días y no cinco. O a destacar y valorar el impacto que tendría para la hostelería celebrar los festejos en fin de semana. Es el mismo sistema utilizado para defender, por ejemplo, el hotel de la Font Roja: primero arrasemos y luego ya veremos.

Estos enunciados se sazonan ahora con la crisis, el instrumento perfecto para justificarlo todo. También, cómo no, el cambio de las fechas de las fiestas. Efectivamente es un asunto menor (o debería serlo), pero que en esencia guarda la misma filosofía que los graves recortes en servicios públicos, las duras medidas fiscales o los pisotones que para los trabajadores representa la nueva reforma laboral. Resulta curioso que buena parte de quienes apoyan el cambio de fechas sean los mismos que salen a la calle para protestar por las tremendas consecuencias de la sumisión de los Estados a la dictadura de los Mercados. La coherencia brilla por su ausencia.

Resulta duro comprobar que sea la economía el factor que marca cuándo un pueblo debe celebrar su fiesta, que es, guste o no, la máxima expresión de Alcoy en todos sus ámbitos: social, cultural, lúdico, religioso y hasta urbanístico. Trivializarla hasta el extremo de supeditarla a tener un rato para celebrarla es un sacrificio excesivo. Mucho mayor que consumir una parte de vacaciones para poder estar en la trilogía, como hacen tantos y tantos alcoyanos que residen en otros municipios.

En el debate sobre el calendario son tantos los factores en juego (y tanto el miedo) que lo que se echa en falta es algo de sentido común. Y al que más, al Ayuntamiento. Si el municipio tiene dos días de fiesta local (“no tres”, como recuerdan los empresarios) la solución es más sencilla: celebrar las fiestas los días tradicionales siempre que, con dos días, pueda acoplarse la trilogía. Es decir: 22, 23 y 24. Menos cuando caigan los tres días entre semana.

Más o menos lo que sucede cuando la Semana Santa cae alta, años en los que las fiestas varían y no pasa nada. Porque lo dicho para le economía vale también para la Iglesia, que se beneficia tanto como el capital del esfuerzo de miles de festeros e ilusionados mirones por mantener viva la fiesta. 

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