La cicatriz de Mariola

Posted on 17 julio, 2012

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La terrible cicatriz que sufre la sierra de Mariola servirá para recordar el imparable proceso de recortes de los que no han sido ajenos los sistemas de prevención y extinción de incendios. Pero debería servir para cambiar el sistema de conservación de los parques naturales, que para los gobernantes tienen mucho más de lo primero que de lo segundo.

El recorte comenzó con el descenso de la inversión en los parajes y el casi inédito diseño de medidas y tratamientos pensados para reducir el riesgo de fuegos. Siguió con la eliminación de personal de las brigadas de mantenimiento de los espacios naturales, que luego se transformó en la suspensión temporal de sus servicios (cuando funciona la de Mariola, no funciona la de la Font Roja y viceversa).

Y culminó con una primera respuesta de mínimos en los momentos iniciales del fuego que este julio ha convertido en cenizas una parte importante del patrimonio natural, cultural e histórico de la comarca.

Los expertos tenían claro sobre las seis de la tarde del jueves (apenas tres horas después de que comenzase el incendio) que el fuego se estaba descontrolando. Y lo hacía en unas condiciones que, si no eran claramente favorables, al menos no alentaban la propagación de las llamas (no había 40 grados o viento huracanado de poniente).

Ahora llegan los pesares. Inútiles si no se aprende la lección, porque desgraciadamente siempre habrá un pirómano con el mechero cargado. Mantener al personal que se dedica a prevención es más barato que invertir en la reforestación de terreno incendiado. Y la intervención de, pongamos, 10 medios aéreos y 50 bomberos de forma instantánea cuando se declara el fuego cuesta mucho menos que los 350 profesionales y 20 aviones y helicópteros que se dejaron la piel durante 24 horas para salvar la sierra de Mariola.

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