Valentía

Posted on 5 septiembre, 2012

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Lo peor que le puede suceder a un gobierno es que no gobierne. Eso es lo que ha sucedido en Alcoy en el caso de La Española y su propuesta de unificar todas las instalaciones en la parte alta de la zona de La Canal. Con este proyecto, la aceitunera quiere mantenerse en la ciudad que la vio nacer y evitar su marcha definitiva a Sevilla.

El Gobierno de Alcoy se ha bloqueado ante la simple posibilidad de perder una de las escasas grandes empresa que le quedan a la ciudad. Se ha lavado las manos y se ha limitado a trasladar el asunto a la Generalitat Valenciana para que estudie si la propuesta es viable. Los técnicos municipales tienen claro que no lo es. Su trabajo ha sido ninguneado como hacía el PP con sus proyectos más conflictivos. ¿De qué sirve, pues, un departamento municipal de medio ambiente que no estudia los efectos de un proyecto con importantes repercusiones sobre el entorno?

El Ejecutivo ha evitado a toda costa que el Ayuntamiento se pronuncie sobre el proyecto, que en realidad es una simple memoria valorada. Su parálisis contrasta con la hiperactividad de Esquerra Unida, cuyos miembros abominan de los toros pero entran al trapo a la primera oportunidad que tienen. Es tanta la convicción de que el proyecto de La Española es inviable en los términos planteados que ni el Bloc ni el PSOE se han tomado en serio la posición de Esquerra Unida.

Lo preocupante no es que el Gobierno no haya querido descartar el proyecto, sino que no haya gestionado una alternativa viable que fuerce a la empresa a pronunciarse sobre cuál es su verdadera voluntad de futuro. Es decir, si lo que realmente quiere La Española es conservar su industria en Alcoy. Si lo que pretende es tener una excusa para justificar su marcha a otro municipio ante la opinión pública. O si su voluntad real es conseguir la recalificación de su actual fábrica, en la Zona Norte, rememorando infames operaciones como la que en su día el Ayuntamiento consintió a La Estambrera.

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